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viernes, 31 de marzo de 2017

Paul Simon y la caricatura humana: De como la música redime ocasionalmente nuestras vidas.


Un hombre cruza la calle y dice “¿Por qué estoy tan suave en el medio ahora? –En el medio del cuerpo y en la mediana edad- ¿Por qué estoy tan suave en el medio ahora? El resto de mi vida es tan difícil. Necesito una oportunidad fotográfica. Quiero una oportunidad para redimirme. No quiero terminar como una caricatura en un cementerio de caricaturas…


Así comienza la canción “You can call me Al” de Paul Simon lanzada hace 30 años en un abril de 1986. Paul Simon salta a la fama durante los 60s junto a Art Garfunkel con el dueto de folk-rock “Simon & Garfunkel”. Con grandes éxitos como “America”, “The Boxer” y “The Sound of Silence” el dueto se convierte en parte fundamental de la contracultura americana y quedan considerados para la historia como el dueto más influyente de los 60s además de verdaderos iconos del folk y de lo que hoy conocemos como rock clásico. Tras exitosos álbumes como “Bookends” y “Bridge Over Troubled Water” el dueto se separa en 1971 en la cúspide de la fama, y la razón de ello es irónicamente el propio Paul Simon, quien tiene inquietudes en lanzar una carrera como solista.


Paul Simón se convierte en solista. Se pasa buena parte de los 70s/80s cosechando éxitos por aquí y por allá, aparece constantemente en el programa Saturday Night Live y se reúne con Art Garfunkel en algunas ocasiones –incluido el histórico concierto en el Central Park de Nueva York en 1981-. La parte más interesante de la carrera de este artista, sin embargo, comienza a mediados de los 80s. La gente para este entonces espera ver más a “Simon & Garfunkel” que a un Simon bien entrado en los 40s. Simon lanza el álbum “Hearts And Bones”, el cual resulta ser todo un fracaso que apenas alcanza el puesto 35 en las listas de popularidad. Para colmo, su matrimonio con la actriz Carrie Fisher también fracasa tras una duración de apenas 9 meses. Un Simon en plena depresión y crisis existencial decide lanzar un álbum diferente, uno que muestre lo que es en ese momento y hacia dónde se dirige su vida. No muy diferente a lo que hizo Peter Gabriel en su momento al dejar Genesis, Paul Simon va a contracorriente y regala a la industria lo que menos espera de él. En 1985 viaja a Sudafrica para grabar “Graceland”, un álbum que mezcla rock, pop y ritmos africanos en una inusual pero saludable mezcla de culturas que llegó incluso a causarle problemas con el gobierno sudafricano en el llamado Apartheid.


Como suele ocurrir cuando se llega a la mediana edad –incluso antes de ello, después de ello o básicamente a cualquier edad- llega ese momento en que todo parece tan básico y tan medido, como si nuestra vida fuera un guion escrito por otra persona en el cual lo único que podemos hacer es cuestionarnos a nosotros mismos. Somos jóvenes ¿Es vida beber todos los fines de semana? ¿Debo buscar una pareja estable? ¿Debo acostumbrarme a que todos esperen siempre lo mismo de mí? Somos adultos ¿Todo consiste en cambiar pañales y pagar hipotecas? ¿Mi vida consiste en comprar muebles y platicar sobre lo bien que se ven en mi casa? ¿Estoy haciendo lo correcto para llegar al lugar donde quiero estar? Entramos a los 40s y en adelante ¿Es este el lugar en el que quiero estar? ¿Es esto lo quiero hacer el resto de mi vida? ¿Es esto que veo en el espejo todo lo que llegaré a ser en la vida?


Con un álbum cínico e irónico pero a la vez amable y con un mensaje trascendental, este Simon cuarentón se convierte en una especie de Woody Allen musical que es capaz de burlarse de sí mismo a través de su música. Es capaz de aceptarse como la caricatura que representa en ese momento, tomar lo mejor de ello y lanzar un excelente álbum con la experiencia. Renace su carrera. Renace su vida. Renace el propio Paul Simon y somos testigo de ello a través de una grabación de apenas 43 minutos.


“Graceland” se lanza en agosto de 1986 convirtiéndose en uno de los álbumes más importantes de la historia, logrando una venta de más 16 millones de copias alrededor del mundo y recibiendo el título de Mejor Álbum del Año por parte de la revista Rolling Stone.


Simon continúa en You can call me Al: Un hombre cruza la calle y dice “¿Por qué estoy tan corto de atención? ¿Dónde está mi esposa y mi familia? ¿Qué tal si muero aquí? ¿Quién será mi modelo a seguir ahora que mi modelo a seguir se ha ido?” Canta un Simon perdido y asustado pero con una melodía llena de ritmo y trompetas que sugieren todo lo contrario. El cinismo amable de “You can call me Al” se ve reforzado visualmente con un simpático y hoy clásico video musical en el cual aparece el comediante Chevy Chase robándole todo el crédito al propio Paul Simon y evitando que cante su propia canción.


“Si tu fueras mi guardaespaldas, yo podría ser tu amigo perdido desde hace mucho tiempo. Podría llamarte Betty, y Betty, cuando me llames, podrías llamarme Al” canta Simon en el coro de la canción como haciendo las pases consigo mismo. Como creando dos personajes conflictuados que llegan a un acuerdo común para poder seguir viviendo juntos.


Con “Graceland”, la canción que le da título al álbum –y en sus propias palabras lo mejor que ha hecho en su carrera- Simon aborda su crisis desde otra perspectiva, una más seria y esperanzadora. Para ello utiliza el término “Graceland” (tierra de gracia) en tres diferentes áreas.


“El delta del Mississippi brillaba como una guitarra Nacional. Estoy siguiendo el río hacia la carretera a través de la cuna de la guerra civil. Voy a Graceland. En Memphis, Tennessee” refiriéndose no solo al famoso rancho de Elvis sino haciendo ilusión a la américa profunda, a la cultura que lo vio nacer.


“Voy a Graceland. Niños pobres y peregrinos con sus familias. Y vamos a Graceland.” Refiriéndose a Sudáfrica y lo que vio por primera vez en la tierra donde volvió a nacer tanto personal como musicalmente.


Finalmente, Simon habla de una tercera tierra de gracia. Este no es un lugar propiamente físico que se pueda encontrar en un mapa. “Y mi compañeros de viaje son fantasmas y bolsillos vacíos. Estoy mirando fantasmas y vacío pero tengo razones para creer que todos seremos recibidos en Graceland…” Tierra de gracia. La tierra prometida en vida. Su propia resurrección personal. La misma que espera para todos nosotros en algún punto de nuestra vida.


“Graceland”, la canción, además de incluir en el coro a los ídolos de Simon, The Everly Brothers, también se compone de un poderoso beat perdido apaciblemente entre una mezcla de culturas. Como el álbum y el intérprete en sí, habla de amor como tema primordial – del prójimo, de nosotros mismos, de la falta de este- “Y veo que perder el amor es como una ventana en tu corazón. Todo el mundo ve que estás hecho pedazos. Todo el mundo siente el soplido del viento.”


Paul Simon tiene 74 años actualmente, no podemos decir si sigue siendo el mismo hombrecillo bonachón que cayó y se levantó a mediados de los 80s, pero tal vez eso no sea importante. Se casó con la cantante Edie Brickell en 1992 y juntos tienen tres hijos. Musicalmente, Simon ha dejado un impresionante legado con “Simon & Garfunkel” y como solista. Es para muchos el cantautor más importante de los Estados Unidos – con el debido respeto de Dylan- y es un hombre que se mantiene activo con esa promesa que nos hace en las líneas finales de Graceland. “Y podría estar obligado a defender cada amor, cada final. O tal vez no haya ninguna obligación ahora. Tal vez tengo una razón para creer que todos seremos recibidos en Graceland”.

A seis meses de la partida del legendario David Bowie


El 10 de enero de este año se apagó la luz de una de las figuras más influyentes del rock internacional. Describir en apenas unas líneas el legado artístico y musical que Bowie deja detrás podría resultar ofensivo incluso para quien escribe esto, pero es posible al menos tratar de poner en perspectiva quien fue este hombre y por qué debemos recordarlo.


Un cáncer de hígado terminó con la vida de David Robert Jones, mejor conocido como David Bowie, hace hoy 6 meses, solamente dos días después de su cumpleaños número 69 y dejando como legado final “Blackstar”, un álbum oscuro y agridulce que marca su despedida y consolidación como una “estrella negra” que siempre intentó diferenciarse del resto.


Pero hoy no quiero escribir sobre su muerte, quiero hacerlo sobre su vida. 6 meses han sido más que suficientes para comprender que no podemos recordar a esta persona solo por el momento de su muerte e ignorar todo el cumulo de legados y experiencias que nos regaló por más de 5 décadas.


Musicalmente Bowie grabó 28 álbumes de estudio, 3 soundtracks y lanzó más de 50 álbumes recopilatorios y en directo. Participó en 49 videoclips de sus canciones, los cuales ahora son parte elemental de la cultura pop del siglo 20. Colaboró con personajes como Mick Jagger, Tina Turner, Queen, Marc Bolan, Bing Crosby y Trent Reznor.


Como productor musical (algo en lo que usualmente no se le da mucho crédito) hizo resurgir de las cenizas las carreras de sus amigos Iggy Pop y Lou Reed, además de impulsar al grupo Mott The Hoople regalándoles la emblemática canción “All the Young Dudes”.


Como actor, Bowie participó en más de una docena de películas, entre las que se incluyen las míticas “Labyrinth” y “The Man Who Fell to Earth”. Se dio el lujo de ser dirigido por pesos pesados como Martin Scorsese, David Lynch, Christopher Nolan y Nagisa Ōshima. Participó en casi una decena de obras de teatro y produjo otras tantas, como lo es “Lazarus”, la representación teatral que dejó al momento de su muerte.


En el mundo de la moda y la cultura popular, Bowie es tran trascendente como lo es musicalmente.


Un hombre fanático de Little Richard que intentó y fracasó muchas veces durante su juventud en su lucha por alcanzar el éxito. Algo que por fin le llegó a finales de los 60s y principios de los 70s. Aquella figura que de pronto apareció un día de 1972 en la televisión británica entonando “Starman” desafiaba los límites de lo que debería ser un artista pop por aquellos tiempos. Con un afiladísimo colmillo mercadológico y una visión artística que se encontraba adelantada increíblemente a su tiempo, Bowie supo construirse una carrera hasta conquistar el mundo con su arte.


Ese chico cabello de zanahoria, con sus peculiares trajes, conceptos y performances que influyeron directamente sobre la carrera de incontables artistas. El chico promiscuo y de sexualidad relajada que de pronto fue tragado por ese monstruo llamado “fama” y se vio obligado a luchar por su vida desde la boca de este. Durante su etapa glam se convertía en el escenario en “Ziggy Stardust”, un extraterrestre venido de Marte que llegaba a la tierra a repartir rock & roll y boogie, y cuyo ascenso y caída serían relatados en el álbum conceptual que lo lanzó definitivamente al estrellato “The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars”. Este concepto extraterrestre se convirtió posteriormente en “Aladdin Sane”, una especie de versión estadounidense del personaje que sería utilizada en el álbum homónimo de 1973.


Bowie se convirtió después en “The Thin White Duke”, un oscuro catrín que reflejaba la lucha interna de Bowie con su adicción a la cocaína y su deseo de llevar las cosas al límite artísticamente con álbumes como el innovador “Station to Station”.


Los deseos de reinventarse musicalmente lo llevarían a Berlín a hacer una trilogía en la que colaboró con el artista de música ambiental Brian Eno. Esta etapa mostraba a un Bowie que crecía musicalmente. Su esfuerzo por permanecer limpio de drogas y realizar algo diferente en aquellos tiempos queda reflejado en una emblemática trilogía de discos compuesta por “Low”, “Heroes” y “Lodger”. La canción que da título al álbum meridiano de esta trilogía es ciertamente un icono para muchos de sus fanáticos alrededor del mundo.


Durante los 80s conoceríamos al David Bowie más netamente comercial de su carrera. De pronto, con la llegada del exitoso álbum “Let’s Dance”, veríamos a un Bowie más pop y convencional sobre los escenarios. Podríamos verlo cantar con Tina Turner mientras tomaba una Pepsi y aun así sabríamos que ese era el Bowie que se destacó precisamente por innovar brutalmente una década antes. Eventualmente sus discos dejaron de destacar lo suficiente y ese fue el momento en que Bowie se dio cuenta que era momento de reinventarse una vez más. Posteriormente se reiría del hecho mencionando a esta parte de los 80s como “su etapa Phil Collins”.


Tras continuar con discos más personales y discretos, Bowie se embarcaría en los 90s en un viaje de rock industrial y poco convencional que lo harían diferenciarse aún más de sus anteriores etapas. Fue el disco “Earthling” en el que comenzó a colaborar con Trent Reznor, líder del grupo Nine Inch Nails, en un cruce generacional que dividió a sobremanera a sus fanáticos.


Bowie continuó con discos más orgánicos como “Hours”, en los cuales realizaba la música que a él le interesaba hacer en ese momento, dejando de guiarse por alguna corriente o temática en específico. Lo hizo así hasta 2004, año en el que sufrió un infarto que casi le cuesta la vida.


Pasaron 9 años tras los cuales el mundo asumió que Bowie se había retirado para siempre hasta que en 2013 Bowie sorprendió al mundo con “The Next Day”, un álbum en el cual tomaba como concepto el presente/futuro y narraba la lucha entre el poder dejar atrás ese pasado y el moverse hacia adelante como artista.


“Blackstar”, su vigésimo quinto y último álbum, vio la luz el 8 de enero de 2016, el día de su cumpleaños número 69 y apenas dos días antes de su muerte. Esta obra final fue compuesta por Bowie con la latente posibilidad de que sería su despedida. Y así fue.


David Bowie fue un artista monumental que deja una lección valiosa y clara para aquellos que conocen lo que fue como artífice en sus distintas etapas y encarnaciones. Ese valor de la reinvención -laboral, artística, personal- está presente en todo lo que fue Bowie en vida. Su prolífica carrera solo es equiparable al mensaje de su música. Memorable es su manera de salir al mundo como un ser virtualmente inadaptado, arriesgado y libre de ataduras que supo hacer precisamente de esas características sus instrumentos primordiales para diferenciarse y triunfar. Unido a eso, su inquietud latente de llevar todo un paso más allá fue lo que marcó la diferencia entre lo que Bowie pudo haber sido y lo que fue.


Como Bowie aconsejó en el documental Inspirations de 1997 “Si te sientes seguro en el área en la cual trabajas, entonces no estás trabajando en el área correcta. Siempre ve un poco más profundo en el agua de lo que te sientes capaz de estar. Ve un poco más profundo en ti mismo. Cuando sientas que tus pies estén tocando el fondo, entonces estás en el lugar correcto para hacer algo emocionante”


Larga vida a David Bowie (1947-2016… y el legado continúa).

El largo camino de Peter Gabriel. A 30 años del álbum “So”


Jack Ma, uno de los emprendedores más importantes en China, habla en un famoso video viral sobre la vital importancia de admirar a alguien antes de cumplir los 30 años y de forjar lo que seremos en el futuro. Admirar a alguien, más que decir lo que somos, dice lo que aspiramos a ser. Cada tanto tiempo y bajo la particular –o egoísta- percepción de cada individuo se mencionan a personajes que han cambiado el mundo, desde un Winston Churchill en la política a un Steve Jobs en lo que respecta a empresarios innovadores.


Está ese otro tipo de admiración. Una más íntima y personal dirigida hacia individuos que no han cambiado el mundo pero sí que han cambiado el nuestro como tal.


Y finalmente, hay un tercer tipo de admiración. Una mezcla intermedia de las dos anteriores. En esta admiramos a personajes que han sabido labrarse su camino. No sabemos cuánto han cambiado el mundo o afectado el curso de la historia (aunque tienen una gran importancia en algún área de ella) pero definitivamente han afectado el curso de nuestra historia personal, inspirándonos de algún modo.


Hoy quiero escribir sobre admiración. Quiero utilizar como mero pretexto el aniversario número 30 del mítico álbum “So” de 1986. Quiero escribir sobre historias humanas de éxito, de las netas. Quiero escribir sobre Peter Gabriel.


Nacido en 1950 en Chobham, Surrey, Reino Unido, la historia de Peter Brian Gabriel en el rock internacional es algo intrincada y digna de conocerse a fondo. No podríamos hablar sobre ella sin mencionar una de las etapas más importantes de su carrera. La que dio origen a esta y cuya finalización también marcó el rumbo que seguiría Peter como tal: Su estancia en el famoso grupo británico Genesis.


Gabriel forma el grupo de rock progresivo Genesis en 1967 junto a sus compañeros de secundaria Tony Banks, Mike Rutherford, Anthony Phillips y Chris Stewart. Tras una serie de cambios naturales en el grupo, la formación clásica queda compuesta por Tony Banks (teclados), Mike Rutherford (bajo y guitarras), Steve Hackett (guitarra líder), el virtuoso Phil Collins (batería y percusión) y Gabriel (voz y flauta).


Los entendidos del grupo Genesis sabrán que su historia se divide en dos definitorias etapas, la primera de ellas abarcando de 1970 a 1975 con Gabriel al frente. Aquella etapa causó conmoción en diversos países de Europa, no solo por su increíble calidad musical -que a gusto de quien escribe representa perfectamente lo que es el rock progresivo-, sino por los bizarros performances protagonizados por un joven y rebelde Peter Gabriel, que ansiaba darse a notar a toda costa.


Inspirado por el surgimiento de un excéntrico joven de nombre David Bowie, Gabriel empezó a llevar el nivel bizarro de sus presentaciones al siguiente nivel con personajes que incluían a Britannia (una especie de parodia nacional del Reino Unido), Rael (un joven punk puertorriqueño con ansias de triunfo) y Slipperman (una grotesca criatura de la que casi no se encuentra material en la actualidad). Inspirado por el teatro del absurdo y el surrealismo propio de la época, Gabriel encabezaba alocadas presentaciones. Algunas veces estos personajes tenían coherencia dentro de la historia de la música pero otras veces simplemente estaban insertadas para provocar. Durante esta etapa, en algún momento Gabriel se afeitó toda la parte frontal de la cabeza y en algún concierto tomó prestado un vestido rojo de su entonces esposa y se puso una máscara de zorro para salir al escenario, convirtiendo el momento en algo emblemático y que se ha quedado para la eternidad. Todo ello nos habla de un tipo con las pretensiones de provocar artísticamente, de alguien tratando de encontrarse a sí mismo a través de sus creaciones en una época en la que lo excedido y las sorpresas eran el día a día.


La rebeldía (y tal vez arrogancia) de un joven Peter Gabriel quedaría reflejada en muchas de sus letras. “Dime que mi vida está a punto de comenzar. Dime que soy tu héroe. Prométeme todos tus sueños violentos. Ilumina tu cuerpo con furia” canta Gabriel en la canción “The Knife”, perteneciente al álbum “Trespass” de 1970.


Participando activamente en la dirección creativa del grupo, las rencillas no se hicieron esperar y tras un tiempo de trabajo en un ambiente algo hostil, en 1974 llegaría el último álbum de Genesis con Gabriel al frente: El espectacular “The Lamb Lies Down on Broadway”, un álbum conceptual que narra el viaje de Rael, un joven puertorriqueño que intenta probar suerte en una Nueva York confusa e irreal, haciendo una alegoría al propio viaje de autodescubrimiento al que Gabriel se sometía en esos momentos. Con poderosas melodías de rock progresivo, “The Lamb Lies Down on Broadway” representa el fin de Gabriel en Genesis. El álbum fue admirado por un cierto sector de la crítica, no solo por el nivel interpretativo del grupo en general sino por el verdadero valor artístico y conceptual del álbum, mientras que fue vapuleado por otro sector, incluidos sus entonces compañeros, quienes se oponían a la dirección en la que Gabriel intentaba llevar al grupo. Estas rencillas internas más el embarazo de la entonces esposa de Gabriel hicieron crecer más la crisis cuando el grupo se encontraba probablemente en uno de sus mejores momentos. Ese fue el punto de inflexión para el Peter Gabriel que hoy conocemos. Podría haber seguido en Genesis, haber cedido a las peticiones de sus compañeros de seguir un camino más convencional y convertirse en otro de los tantos rockstars con vidas complicadas y llenas de exceso que conocemos y admiramos. En su lugar, decidió abandonar el grupo y comenzar de cero en un ambiente artístico en donde no había garantía de nada.


Esa es la historia básica de la primera etapa de Genesis. La artística y trascendental. La que tuvo a Peter Gabriel al frente. La segunda etapa es la que es reconocida por el gran público. Esa en la que el virtuoso baterista Phil Collins de pronto descubrió tener una buena voz y entró al quite sustituyendo a Gabriel como vocalista y convirtiendo al grupo en un trio completado por Rutherford y Banks. Sin Gabriel, el grupo se sostuvo con bastante clase por un par de años hasta que llegó el pastiche los 80s y el Genesis que había marcado la historia del rock progresivo terminó convirtiéndose en algo popular, accesible y feliz que llenó estadios hasta el cansancio. Esa es otra historia.


Gabriel, por su lado, comenzó una carrera como solista en la que empezó a darse a notar poco a poco. Fuera de Genesis, escribió “Solsbury Hill”, una entrañable y esperanzadora canción en la cual narraba su sentir tras dejar el grupo y embarcarse en un viaje de incertidumbre. “Me sentí parte del decorado. Salí de aquella maquinaria… Observado por vacías siluetas que cierran sus ojos pero pueden ver. Nadie les enseñó normas de etiqueta. Les mostraré otro yo. Hoy no necesito que me sustituyan. Les mostraré lo que significa esta sonrisa en mi cara.” prometía Gabriel en la apacible canción que cerraba su primer álbum.


Estos primeros cuatro álbumes (todos llamados “Peter Gabriel”) tras dejar Genesis continuaban arrastrando muchas de las obsesiones experimentales que Gabriel desarrolló desde sus inicios como artista pero a la vez ofrecían contenido más accesible y lleno de espíritu, mostrando a un Gabriel reflexivo y contento con la vida. Gabriel comenzó a aparecer con una imagen totalmente sobria y alejada de sus personajes, mostrando quien era en realidad. No fue fácil forjarse un camino, sus ex compañeros vendían millones de discos y eran más populares que nunca. El camino de Gabriel fue distinto, uno difícil que no dio resultados inmediatos pero que si estuvo lleno de libertad creativa y genuinidad artística. “Yo tomé el viejo camino. El hombro hundido, a través de las aguas… Si los mares otra vez se calman y aun viven algunos, serán aquellos que dieron su isla para sobrevivir” canta Peter Gabriel en “Here Comes the Flood”, perteneciente también a su primer álbum homónimo.


“Cuando la noche aparece las señales crecen en los radios. Todas las cosas extrañas van y vienen como advertencias tempranas.” comienza cantando en “Here Comes the Flood”. Por aquel momento, un idealista Gabriel pensaba que las señales en los radios propagaban energía y las personas podrían establecer una conexión mental gracias a ella. Y esta energía no hacía más que crecer por la noche. Básicamente esto significa que si una noche llegas harto de tu trabajo o de como marcha tu vida y te quedas en tu carro escuchando música -Llámalo música popular, llámalo los Stones, llámalo Vivaldi- probablemente nos estamos comunicando entre nosotros y diciendonos “Todo estará bien hasta que termine la rola”. Pura empatía musical.


Gabriel comenzó a interesarse por las causas políticas y sociales creando la emblemática canción de protesta “Biko” en 1980, dedicada al activista político sudafricano Steven Biko, asesinado por la policía en 1977. Este interés por las causas sociales ha acompañado a Gabriel durante toda su carrera.


El éxito finalmente alcanzó a Peter Gabriel en 1986 con el muy importante álbum “So”, que en 2016 celebra 30 años de existencia. Reconocido como uno de los mejores álbumes de la historia por la revista Rolling Stone, “So” representa un primer acercamiento verdadero al gran público por parte de Gabriel, dejando de ser un “artista de culto” para convertirse en una estrella de la música. El resultado fue brutal. El álbum logro posicionarse en el número 1 por varias semanas en muchos países y recibió cinco discos de platino en los Estados Unidos.


El innovador videoclip del primer sencillo del álbum (y la canción más exitosa de Peter) “Sledgehammer” es hasta la fecha el video mas transmitido en la historia de MTV, además de tener el record de más premios para un solo video en los MTV Video Music Awards, llevándose 9 estatuillas.


Parecido a lo que hizo Paul Simon con “Graceland”, “So” es también una mezcla de ritmos africanos, pero a la vez agrega ritmos brasileños, funk, soul, música ambiental, rock y pop en una ecléctica mezcla que representa su obra más comercial y accesible. Aun así, una obra maestra fiel y adecuada a su esencia. De pronto, Gabriel empezaba a cantar sobre amor en la emblemática “In Your Eyes”, mandaba un mensaje inspirador a la gente en dificultades económicas con “Don’t give up” a dueto con Kate Bush y homenajeaba a la poetisa Anne Sexton con la increíble “Mercy Street”. Todas grandes canciones aderezadas con “Sledgehammer”, una canción bailable llena de poderoso funk que se convirtió en uno de los temas más emblemáticos de los 80s.


“So” es también el primer álbum de Peter en llevar un titulo. Es el primero de una trilogía compuesta por títulos cortos que sería continuada por el también fantástico “Us” en 1992 y terminada por el correcto “Up” en 2002. Gabriel, como el amante de la música que es, afirma que la portada del disco es más importante que el titulo en sí y por ende es vital no robarle mucho espacio.


Recordado por el artista excéntrico que fue como miembro de Genesis o por el corazón de su música como solista, la importancia del señor Peter Gabriel en la música es innegable. El camino que siguió apartándose de todos los preceptos que deberían seguirse según el “manual del rockero promedio” para poder desarrollarse creativamente y aun así ser una artista de éxito es una historia que no podemos contar con muchos otros personajes.


Gabriel es amante de la música. Sigue un marcado discurso de paz, más creíble y genuino que el de Lennon. Gabriel canta a la vida en todos sus aspectos, los bonitos y los que no lo son tanto. Canta al amor –de pareja, a la vida, a Dios-, a la comunicación interpersonal, a los desfavorecidos, a la gente que pasa por un mal momento. Su lirica está llena de empatía y eso es lo que regularmente promueve su música. El instrumento para lograrlo es simplemente calidad y fidelidad a sí mismo. Es el “niño bueno” del rock, la influencia positiva en medio de un mundo de excesos e insurrección que con el paso del tiempo se ha quedado obsoleta. La verdadera revolución mental a través de la música. Y es también el ejemplo perfecto de un renacer como artista del cual podemos tomar dos o tres ideas. En pocas palabras, Peter Gabriel hizo lo que se le pegó la gana y triunfó. Todo a su manera.


Tras más de 30 años, Gabriel se reunió con sus ex compañeros de Genesis en 2014 para el documental de la BBC “Genesis: Together and Apart”. Tras un par de risas y verdades salidas a la luz en el reencuentro, este es el mensaje que Gabriel mandó a sus seguidores:


“Nunca subestimes la diferencia que podrías llegar a hacer. En todo lo que he hecho, en cada etapa, he visto a personas que son mejores y más inteligentes que yo, y eso no me ha disuadido.


Esto es lo que le digo a la gente joven en todas partes: No te limites a ti mismo ni a tus expectativas. Si quieres hacer la diferencia, si quieres cambiar el mundo, todo está ahí…”

Una leyenda musical llamada Cat Stevens


Uno de los compositores y cantantes de folk más importantes de la cultura musical contemporánea. Nacido como Stephen Demetre Georgiou un 21 de julio de 1948, en Londres, Inglaterra, como el menor de tres hijos. Sus padres eran dueños de un restaurante. La familia vivía en un pequeño apartamento encima, donde Stevens aprendió a tocar el piano. El brillo, el glamour y la presencia cercana del teatro de West End representaron una fuerte influencia sobre el joven músico.


A pesar de que se le educó en casa con una fe ortodoxa griega, los padres de Stevens optaron por mandarlo a una escuela católica. La combinación de las dos influencias religiosas le ayudó a desarrollar una fuerte conciencia moral en su música.


A la edad de ocho años, los padres de Stevens se divorciaron, pero siguieron cohabitando. Incluso en medio de esta agitación en su vida, el joven siguió mostrando un talento natural para sus actividades artísticas. En 1963, con 15 años de edad, inspirado por los Beatles, convenció a su padre de que le comprara una guitarra. El adolescente comenzó rápidamente escribir y a tocar sus propias canciones.


En julio de 1964, mientras asistía a la Escuela de Arte de Hammersmith, Stevens hizo su debut en la música en un bar local. Esto lanzó su carrera de manera informal. Un año después, logró un contrato como compositor, y adoptó el nombre artístico de Cat Stevens.


Durante este período, vendió el hit “The First Cut is the Deepest” al cantante de soul P.P. Arnold . La canción fue un éxito instantáneo y posteriormente ha sido versionada por otros cantantes como Rod Stewart y Sheryl Crow. Un año después, a la edad de 18 años, Stevens pronto lanzó su primer álbum, Matthew & Son, el cual ayudó aún más a impulsar su carrera.


Aunque Stevens estaba empezando a experimentar cierto éxito como estrella del pop, el anhelaba grabar algunos de sus temas más experimentales. Su discográfica se negó, insistiendo en que Stevens había sido posicionado como una figura para atraer a un público adolescente y debía continuar en esa línea. Esto llevo al cantante a tener una fuerte depresión y a refugiarse en el alcohol. La tensión y su estilo de vida fiestera le cobraron factura en su salud ya que en 1968 se le diagnosticó tuberculosis. Un período de tres meses en el hospital le dio tiempo a Stevens para reflexionar y reevaluar su acercamiento a la vida.


Aunque Stevens había tenido cierto éxito en el extranjero, el lanzamiento en América del grandioso “Tea for the Tillerman” (1970) y el single “Wild World” convirtieron a Stevens en una verdadera estrella en los Estados Unidos. El álbum fue disco de oro y renovó el interés en sus discos anteriores, convirtiéndose en un creador de éxito.


“Ahora que te lo he dado todo dices que quieres empezar algo nuevo.

Y eso me está quebrando el corazón. Te vas. Estoy sufriendo.

Pero si te quieres ir ten cuidado. Espero que tengas un montón de cosas agradables que vestir, porque un montón de cosas se pueden poner feas allá afuera” cantaba Cat Stevens en “Wild World”, una conmovedora y triste canción de amor que retrata el dolor de un hombre que debe dejar a su amada irse y salir a un mundo peligroso y lleno de incertidumbre que hacía referencia a la propia lucha de Stevens, convertido ya en todo un rockstar a quien le había llegado la fama mundialmente, aunque había “algo” que le faltaba en su vida.


En el mismo álbum se incluye “Father and Son”, una bonita canción que se comprende de las sabias palabras que un padre dice a su hijo reflejando también la incertidumbre de la vida adulta y de todo lo que inevitablemente el hijo está por vivir “Mírame, yo soy viejo, pero estoy contento. Yo fui como tu, y sé que no es fácil. Con tranquilidad puedes encontrar lo que buscas pero tomate tu tiempo, piénsalo mucho, piensa en todo lo que tienes. Por ti estas cosas estarán aquí mañana, pero puede que tus sueños ya no” enuncia la letra.


Stevens experimentó posteriormente un éxito sin precedentes con hits omo “Peace Train”, “Morning Has Broken y la entrañable “Moon Shadow”. En 1972 graba el soundtrack de la película de culto “Harold and Maude”, dotando de gran corazón a una película ya de por si rebosante de vida.


“¿Sabes? El amor es mejor que una canción. El amor es a donde todos pertenecemos. Así que no seas tímido, simplemente deja que tus sentimientos rueden. No tengas miedo o nadie sabrá que estás ahí” dice Cat Stevens en la canción “Don’t Be Shy”, la cual abre la película en una tétrica escena llena de humor negro que de algún modo contrasta con la música amable y esperanzadora que Stevens regaló a la cinta. Esta extraña y encantadora mezcla que pareció rara a mucha gente en aquel momento se convirtió en uno de los proyectos más entrañables y adelantados a su tiempo que nos regaló la década de los 70’s.


Su siguiente álbum, Catch Bull at Four (1972), permaneció en la cima de las listas de popularidad por tres semanas, por lo que se convirtió en su más exitoso lanzamiento americano. Después de lanzar una exitosa recopilación de grandes éxitos en 1975, lanzó su décimo álbum, Izitso, que también fue disco de oro.


Alrededor de este tiempo, llegó un punto decisivo que definió su vida y carrera. Mientras nadaba, Stevens estuvo a punto de ahogarse. Frente a su muerte inminente Cat Stevens hizo una promesa: si la intervención divina podía salvarlo de ahogarse, Stevens dedicaría el resto de su vida a honrar a Dios. Según Stevens, una ola lo empujó a la costa como respuesta a sus oraciones. Poco después de este encuentro con su mortalidad, el hermano de Stevens le dio una copia del Corán como regalo de cumpleaños. Este impactó fuertemente su vida y lo hizo tomar una decisión crucial.


En 1977, Stevens se cambió el nombre a Yusuf Islam y se convirtió a la fe musulmana. Junto con su adhesión a su nueva religión, Steven decidió que ya no grabaría más música secular (música fuera de la religión) y dedicó las siguientes décadas de su vida a grabar música religiosa y tratar de hacer un mejor mundo desde la trinchera su fe.


Ese fue el retiro determinante de Cat Stevens en la cima de su éxito. Yusuf/Cat no volvió a grabar música secular hasta 2004. Desde entonces ha retomado su carrera fuera de la fe sosteniéndose en cierta nostalgia en lo que fue en el pasado pero definitivamente haciendo las delicias de un público ansioso por volver a escuchar sus grandes éxitos.


En 2014 es inducido al salón de la fama del rock & roll por Art Garfunkel. Yusuf/Cat aprovecha la ocasión para resaltar la satisfacción de haberse desviado del camino del rockero promedio y haber entregado su vida a su familia y a llevar una vida tranquila y espiritual.


Cat Stevens, el hombre con la peculiar característica de haber abandonado su carrera en pleno éxito para dedicarse a su fe. Tal vez un hecho inevitable y ese “algo” que le faltaba en su vida. Sus letras dejan reflejada esa quietud y paz poco común en la vida de excesos del rock. Pertenece a la generación que vio florecer la música de una manera increíblemente propositiva y llena de riqueza. Y así es su música. Stevens es el poseedor de la canción precisa para iluminar el día de cualquier persona y de hacerte saber que por más complicado, peligroso y lleno de incertidumbre que es este mundo en el que vivimos –hoy o en los 70’s- siempre hay un halo de perspectiva y esperanza, y este se encuentra en todas las pequeñas cosas que nos rodean, en lo más sencillo de la vida.


Stevens –como figura- se fue tan pronto como vino, pero su trabajo quedó disponible para la eternidad. Uno puede ser prolífico toda la vida y aun así cuestionar la relevancia de su trabajo. Para esta leyenda de la que hablamos fue suficiente laborar desde el corazón y entregar un trabajo musical honesto hasta que su propio llamado de vida se lo permitió. No son muchos los que pueden jactarse de eso, no solo en el ámbito musical sino en la vida diaria.

Las letras de Bob Dylan que cambiaron el curso de la historia


Bob Dylan ha ganado el premio Nobel de Literatura. Hoy nos levantamos con la polémica noticia de que se ha decido otorgárselo a un músico. Un músico al que podemos calificar como legendario, el cual a pesar de no ser perteneciente al rubro por el que hoy extrañamente se le reconoce, si que es el creador de incontables letras que décadas atrás le otorgaron a la música un discurso y una profundidad inigualable.


La música de Dylan influyó a toda una generación que se decidió a crear una colectividad musical que privilegiaba la sustancia sobre el estilo. Como mencionó el buen Bruce Springsteen en 1988 cuando fue el elegido para inducir a Dylan en el salón de la fama del Rock “Dylan liberó nuestras mentes de la misma forma en que Elvis liberó nuestros cuerpos”


Te presentamos una lista de algunas de sus canciones más significativas que representan algunos cambios en el curso de la historia.






“Blowin’ in the wind”

Cuando escribió esta canción en solo 10 minutos sentado en un café, Dylan no tenía forma de saber que se convertiría en un himno del movimiento de los derechos civiles.


Ahora, un clásico atemporal, “Blowin ‘in the Wind” se coloca encima de cualquier lista de canciones contra la guerra.


“¿Cuantos años puede existir una montaña antes de que sea arrastrada al mar?

¿Cuántos años pueden algunas personas existir antes de que se les permita ser libres?

¿Cuántas veces puede un hombre volver la cabeza y fingir que simplemente no ve?

La respuesta, mi amigo, está soplando en el viento.”






“The times they are a changin”

Una llamada de atención a los padres, a los políticos y a la opinión pública durante el movimiento de lucha por los derechos civiles. Dylan cantaba sobre vivir una vida de valor y compasión en lugar de una confortable, sobre la participación en lugar de la inacción.


“La línea se dibuja, la maldición está echada.

El que es lento ahora más tarde será rápido

Este presente ahora será luego pasado.

Los tiempos están cambiando.”






“Like a rolling stone”

El himno por excelencia del músico. La definición más certera de una generación amante de la música, naturalmente insatisfecha y perdida en un mar de cambios sociales. El hito decisivo en la evolución de la música: Con esta cancion, Dylan marcó el comienzo de un nuevo género de música: folk-rock, y cambió la cara del rock n ‘roll para siempre.

En su lista de las “500 mejores canciones de todos los tiempos,” Rolling Stone la colocó en la posición numero 1.


“Cuando no tienes nada, no tienes nada que perder

Eres invisible ahora, no tienes secretos que ocultar

¿Cómo se siente?

Estar por tu cuenta, sin dirección a casa.

Como un completo desconocido, como una piedra rodante.”

José Luis Perales y yo

Desde mi infancia, experimenté una dificultad constante al intentar encajar en cualquier lugar y con las cosas propias de mi época. En ese c...