viernes, 31 de marzo de 2017

¿Qué culpa tiene el niño? El chick flick moderno en versión nacional





Después de una noche de parranda, Maru (Karla Souza) queda embarazada de Renato (Ricardo Abarca), un joven inmaduro y desempleado con el que no tiene nada en común. Tras una serie de infortunios, estos dos extraños se ven obligados a congeniar por el bien de su futuro hijo.


El clásico contraste de clases sociales es uno de los temas más consumidos en todos los géneros del cine mexicano y esta película no es la excepción. La humilde madre de Renato, interpretada por una Mara Escalante que no se esfuerza mucho en diferenciarse de otro de sus más famosos personajes, es una representación perfecta de lo que hace funcionar a la película muy a su manera.


Por otro lado, tenemos al padre de Maru, interpretado por Jesús Ochoa, un político clasista de libro que remite a otros personajes del actor además de incontables personajes que hemos podido ver en las películas de terreno nacional por más de dos décadas.


Esta unión inesperada entre dos familias, la pobre y la rica, es lo que da vida a una comedia llena de chistes fáciles pero efectivos. La cinta destaca por carecer en buena parte de su duración de la cansina moralina que suele caracterizar al género, ofreciendo en su lugar personajes más honestos o directamente amorales en lo que respecta a casi todo su repertorio de secundarios.


La película no teme en caricaturizar tanto personajes como situaciones. Lo hace una y otra vez. Casi de manera descarada. Esto obliga a que no te la tomes muy en serio pero el problema es que es la propia película la que en determinado punto de la historia se contradice y cambia la jugada por “una bonita historia romántica”. Esa parte final de la película cae en los obligatorios lugares comunes del género y la hace perder bastante de lo que venía construyendo hasta ese momento.


En esencia, la película remite a ya clásicas comedias románticas anglosajonas como “Knocked Up” (2007), sólo que ajustando sus expectativas a un medio tan lastrado como lo es el cine nacional. Es esto en lo que destaca la película: Al compararla con algunas de esas predecesoras de las que bebe (y mucho) nos damos cuenta de que en realidad no tiene mucho qué pedirles ni en cuestión de guion ni en cuestión de manufactura. Sigue la misma vía de “chico conoce a chica, chico y chica se dan cuenta de que no tiene nada en común pero se verán obligados a estar juntos por razones ajenas a ello, y tal vez, finalmente surja el amor entre ellos”.


‘¿Qué culpa tiene el niño?’ es una comedia hilarante y que apega al sentimiento cuando se lo propone, pero que no ofrece nada nuevo. Es también un vehículo de lucimiento perfecto para la actriz Karla Souza, quien tras “Nosotros los nobles” ha sabido hacerse de una carrera importante dentro y fuera del país. Ambos elementos han hecho que la película haya funcionado excepcionalmente bien en taquilla y eso otorga la seguridad de que estaremos viendo muchos más de estos títulos, porque aparentemente esto es lo que quiere ver el público mexicano.


Recomendación: “Paradas Continuas” (2009) del mismo director. Una interesante y desenfadada coming-of-age con destacable soundtrack de Javier Gurruchaga y la orquesta Mondragon. Mejor desarrollo, menos pretensiones, más corazón y más honesta a sí misma… Sólo por comparar gratuitamente.

A 28 años de “Quisiera ser grande”, el clásico ochentero protagonizado por Tom Hanks.


Un 3 de junio de 1988 se estrenó Big, a la cual conocimos como “Quisiera ser grande” en México. Dirigida por Penny Marshall (Despertares) y protagonizada por un muy joven Tom Hanks, “Big” fue la comedia más exitosa de aquel verano de 1988.


Este clásico recordado por los amantes del cine ochentero narraba las desventuras de Josh, un niño de doce años que tras pedir un deseo en una feria se despierta como un hombre de 30 años a la mañana siguiente. Irreconocible para sus padres y solamente con su mejor amigo Billy como apoyo, Josh deberá adentrarse en la gran ciudad con una ardua tarea sobre sus hombros: Ser adulto.


Tras encontrar trabajo en una fábrica de juguetes, Josh parece sobresalir sobre los demás por comportarse y pensar como un autentico niño. Se gana el respeto de su jefe (y es ascendido a vicepresidente), la envidia de algunos colegas e incluso logra que una de sus compañeras, abrumada por su trabajo y sus relaciones, vuelva a creer en la vida a través de él. Pronto Josh comenzará a convertirse en un verdadero adulto también por dentro y deberá decir donde pertenece realmente.


Big es una película inspiradora e hilarante a partes iguales. Destaca por no ser la típica comedia familiar y en su lugar introducir situaciones más subidas de tono de lo habitual, pero lo hace de una manera tan cordial que se convierte en un valor agregado. Lo más interesante de ella es el épico contraste que nos muestra entrañablemente las diferencias entre ser niño y ser adulto. Josh empieza a sobresalir y a inspirar a las personas a su alrededor que han perdido esa magia en la vida y las relaciones interpersonales, y lo único que hace para lograrlo ser un niño, atrapado en el cuerpo de un adulto, pero al fin un niño en mente y alma. Se adentra en una relación con Susan, (una vulnerable y entrañable Elizabeth Perkins) una mujer que no cree en nada ni nadie y vemos como Josh la va convenciendo de volver creer simplemente siendo el mismo y prácticamente sin saber lo que está haciendo. Lo dicho, con la

inocencia de un niño. Eventualmente Josh tiene la vida hecha, pero entiende que ahora tiene que crecer de verdad. Se pierde en su trabajo, su relación con Susan se tambalea, se aleja de su amigo Billy. Se convierte en un verdadero adulto. Es entonces cuando debe decidir a qué edad y lugar pertenece.


Con toques de fantasía como un mero pretexto para analizar esa transición del personaje hacia la inentendible y aterradora vida adulta, Big destaca por ser una de esas disfrutables comedias ochenteras a las que no les cierras el paso y puedes ver una y otra vez cada tanto tiempo. 28 años de risas que marcan apenas los inicios de un joven Tom Hanks que se convertiría en una verdadera estrella no muchos años después. Big es una comedia divertida con un discurso importante e inteligente al cual hay que saber leer y recordar cada tanto tiempo. Un verdadero clásico que recordamos en esta semana por el aniversario de su estreno en cines.

Hace 15 años se estrenaba “Six Feet Under”, una de las mejores series de la historia


Six Feet Under (A dos metros bajo tierra o Seis pies bajo tierra) es una serie de HBO emitida desde 2001 a 2005. En México pudimos verla completa y sin censura por Cadena Tres en el 2009.


La serie se estrenó el 3 de junio de 2001 en una HBO algo diferente a la que conocemos hoy. Para ese entonces ya se encontraban en emisión dramas de éxito crítico como el drama carcelario OZ y Los Soprano, el estandarte televisivo para muchos fanáticos de las series de televisión, pero es con la llegada de Six Feet Under cuando la oferta de HBO se consolida con un drama familiar más cercano a su audiencia.

Six Feet Under nace en plena América pre-9/11 como una inteligente combinación de drama familiar y humor negro. Creada por Alan Ball, quien había ganado el Oscar apenas dos años antes por la película American Beauty, la serie narra la historia de los Fisher, un familia que tras la muerte de su patriarca se ve obligada a cargar con su negocio familiar: Una funeraria. Con un humor acido y un profundo mensaje sobre la vida y la muerte, la serie nos va introduciendo en las vidas de Ruth, la viuda, quien tras la muerte de su esposo no sabe qué hacer con su vida; Nathan,el hijo mayor, hijo prodigo que regresa a casa a encontrarse a una familia dividida y un negocio increíblemente ajeno a lo que esperaba de su propia vida; David, el hijo mediano, un homosexual de closet que se había encargado del negocio junto a su padre y ahora su apacible vida se ve amenazada por la llegada de su hermano; y finalmente Claire, la hija menor, una desadaptada adolecente a la cual parece importarle más bien poco si su vida tiene un rumbo o no. Otros personajes que vemos desfilar en la serie son Federico, el encargado de realizar las autopsias en la funeraria además de fiel escudero de la familia; Keith, un policía que es pareja de David y parece tener una visión muy diferente a él sobre las relaciones de pareja; y Brenda, una increíblemente dañada y complicada mujer que inicia una relación con Nathan tras tener un encuentro sexual con el en un aeropuerto. Este personaje se lleva muchos de los mejores momentos de la serie.


La serie tuvo un recorrido de cinco temporadas en las cuales vemos como los personajes evolucionan y tratan de lidiar con sus complicadas y (deliberadamente) desastrosas vidas. Narrada con el más puro estilo de Alan Ball: libre de moralina, la serie presenta personajes realistas pero abordados desde un punto de vista retorcidamente gracioso y eso es lo que logra hacerla muy distinta a otros dramas familiares que han intentado seguirle el paso. La serie tiene también el añadido de incluir escenas oníricas en las que el mundo interior y brutalmente honesto de sus personajes se ve literalmente reflejando en pantalla, otorgándonos momentos hilarantes. Pero también está el otro lado de la serie: Una familia que apenas puede mantenerse en pie emocionalmente se ve obligada a cargar con una funeraria y verse todos los días cara a cara con la muerte, incluso después de la repentina y devastadora muerte del padre de familia. La muerte es un tema común dentro Six Feet Under, esta es abordada a veces a base de humor, a veces en un término medio y a veces de manera magistralmente honesta y conmovedora. Porque después de todo lo único cierto es que las respuestas a la muerte son diferentes para cada persona y cada una en su frágil y pequeño mundo tiene su modo muy particular de comportarse ante ella.


Esto es lo que refleja exitosamente la serie. En cada episodio vemos como un cliente distinto acude a los Fisher después de que el propio episodio abra con la muerte de una persona al azar, y parte de su encanto es observar como cada muerte es un pequeño evento con distintas detonaciones en cada persona y sobre todo distintas consecuencias que tal vez nunca sean posibles de superar por completo.


Six Feet Under tuvo una temporada final en 2005 donde echó toda la carne al asador y no dudó ni un momento en llevar a sus personajes al límite. Así, la serie nos ofrece una tanda de episodios y un episodio final que, al menos para quien escribe estas líneas, no ha sido superado nunca por ninguna otra serie. Ese episodio final de 2005 justifica lo que vimos por cinco temporadas y 63 episodios, y lo hace de una manera honesta e poderosamente conmovedora.


Six Feet Under, la serie que se reía magistralmente de la muerte como ninguna otra, ha cumplido ya 15 años y continúa siendo uno de los pilares en el auge de calidad que sevivió en la televisión a principios del milenio. Un momento ideal para recomendarla encarecidamente y de la manera más honesta a todos aquellos que aun no se han puesto con ella. La serie se retransmite constantemente por los canales HBO/MAX y se encuentra disponible en el servicio de video en demanda de la propia cadena: HBO GO.

José Luis Perales y yo

Desde mi infancia, experimenté una dificultad constante al intentar encajar en cualquier lugar y con las cosas propias de mi época. En ese c...