sábado, 3 de noviembre de 2018

Reseña: Bohemian Rhapsody - Épico retrato musical

Por Carlos Montenegro

No se cuanta relevancia pueda tener otra opinión más sobre lo que es ya una película inmensamente popular, lo que si tengo claro es que no puedo concebir que pueda haber una sola persona que no encuentre algo de amor en Bohemian Rhapsody, el controvertido biopic de Freddie Mercury que parece haberse convertido en una de las películas más populares del año muchos meses antes de su estreno.

Probablemente pueda aportar más a cualquier persona contando las razones de porque no esperaba mucho de esta película. Conforme fue avanzando su producción puedo decir que el hype no me atrapó como a muchas otras personas. Cuando algo funciona en Hollywood tiende a replicarse la formula una y otra vez hasta el cansancio. No me gusta que se juegue a retratar leyendas de la música porque realmente la ficción en estos casos nunca estará a la altura de la realidad. Si admiro a una figura musical me gusta conservarla en mi ser como la figura inmortal que es. Me gusta que su arte hable por ella. No quiero que después de tantos años un producto de ficción chapucero otorgue a la gente la perspectiva personal de un guionista o un director sobre el de la figura real. No me gusta que verdaderas leyendas se conviertan en simples personajes de ficción.  Claro que hay diferentes enfoques, algunos más atinados que otros. The Doors (1992) de Oliver Stone es posiblemente un ejemplo con muchas licencias sobre la realidad. Aunque Jim Morrison no tuvo precisamente una vida de luz, el enfoque oscuro que se le da a su vida no fue del agrado de muchos. Se sentía como si Stone estuviera utilizando su propia idea sobre The Doors para retratar su visión personal y egoísta, su propia realidad. Caso contrario es Love & Mercy (2014) de Bill Pohlad, un verdadero dulce que retrata la vida de Brian Wilson y los Beach Boys como una historia de superación y genialidad musical, un biopic que tiene algo que contar. Creo que Bohemian Rhapsody está justo en medio de estos dos enfoques.  

Otra historia muy distinta es Almost Famous del 2000, una de mis películas favoritas y la que considero la obra definitiva de ese cine que retrata la industria musical de la segunda mitad del siglo XX. Cameron Crowe dirigía una cinta inspirada en su juventud como reportero de la revista Rolling Stone. Esta película empezaba con el pie derecho un nuevo milenio en el que la nostalgia no tardaría en posicionarse en los espectadores. Para Almost Famous no hay límites creativos, no se basa en ninguna historia real concreta y por tanto olvidamos esa parte crítica sobre qué tanto es realidad y que tanto es invención romántica de Hollywood. Cameron Crowe se dedica a narrarnos este poema musical como debe de ser: Sin reserva alguna.  Esto es algo que es difícil mantener cuando se habla de bandas reales, sobre todo de una de las bandas más populares de la historia del rock.

Otra señal de de alarma es que Bohemian Rhapsody tiene como director a Bryan Singer (X-Men),  a quien yo consideraba acabado por el #MeToo y por sus propias decisiones cinematográficas. No ayudaba mucho el hecho de que fuera despedido por su conducta errática apenas unas semanas antes de terminar el rodaje y fuera sustituido por Dexter Fletcher  (Eddie the Eagle), quien parece que va a ser el mejor beneficiado de todo esto, pues ahora le toca llevar la vida del buen Elton John al cine con Rocketman, la cual se estrenará en 2019.

Finalmente, el reclamo de muchos al ver los trailers, y probablemente la señal de alarma más certera, es que la homosexualidad de Freddie Mercury parecía ser retratada con suavidad y como algo secundario con el objetivo de no alienar a la audiencia.

Todo fue resuelto el día de hoy. No sé si Bohemian Rhapsody sea la película que esperaba, pero estoy seguro que bien puede ser la que necesitaba ver y puedo también decir con certeza que será así para muchas otras personas. La película no es la mejor en lo que hace, ciertamente está llena de momentos gratuitos que viven de la nostalgia, casi como un collage musical de los éxitos de Queen que resulta bastante anodino conforme avanza la trama. Me gustan los secundarios, están correctos en su papel pero no encontré alguna actuación realmente memorable que dotara de suficiente fuerza e hiciera notable a algún personaje más allá de Mercury. Como muchas otras biopics, padece de los mismos problemas mencionados anteriormente, alejándose de la realidad para regalarnos una visión romántica de una historia que se toma licencias, en este caso para que la resolución del conflicto principal de la película pudiera tener mucha más fuerza, y yo diría que gracias a ello la última parte de la película sale triunfante.

La película si retrata a Freddie Mercury como un hombre y un icono homosexual libre de tapujos, lo cual demuestra que al final los trailers no le hicieron mucha justicia a la historia. Hay quien pudiera decir que la figura de Mercury va más allá de su sexualidad, pero si se trata de mostrar su lado humano definitivamente el tema es algo fundamental para mostrar lo que fue. Cabe destacar que aun así el enfoque es muy suave, casi como si los creativos de la película actuaran con cautela para no llevar la historia a ciertos lugares. Mustiamente normal que un  filme de estas proporciones haya decidido no correr riesgos

Si, Bohemian Rhapsody tiene algunas cosas cuestionables, lo cual debería importar muy poco si una pieza de ficción logra emocionarte como logró hacerlo conmigo. ¿Saben que es realmente memorable de este biopic? ¿Saben quién es fundamental para transformar esto en algo trascendente? Dos palabras: Rami Malek. El actor encarna a esta versión de Freddie Mercury –excéntrico, frágil y desadaptado, casi rayando en el fastidio absoluto en determinados momentos- dignificándolo como personaje y humanizándolo como figura. Sin Malek el resultado de todo esto sería algo muy distinto. Definitivamente aporta mucho valor y eleva la película a un nivel superior.

Hay una secuencia que recrea la participación del grupo en el mítico concierto Live Aid de 1985 en apoyo a los niños de Africa. De algún modo siento que el peso de todo lo sucedido en la película al final recae en la potencia de esta épica y significativa secuencia. Algo que demuestra que la verdadera magia del cine se encuentra en los momentos, es aquí donde converge la visión personal de un director con la realidad objetiva de un momento mítico en la historia que ya es parte del colectivo cultural de todo el mundo. Malek se la rifa y se desvive en ese tramo final de película. ¡Carajo! Si van a adaptar a Mercury mejor que lo hagan de ese modo. Carne obligada de Oscar, si me preguntan. Singer / Fletcher / Malek derrochan amor, no solamente por la música de Queen y por Freddie Mercury como figura. Escuchar “Radio Ga Ga” y “Hammer to fall en ese momento me recordó a tiempos musicales que no volverán y que solo pueden ser recreados de este modo. Me recordó a artistas que ya se fueron y el hecho de que nunca habrá otros como ellos. Me recordó esa vieja cita de parar el mundo un rato y simplemente vivir la sensación de escuchar a Mercury, a Lou Reed, a Leonard Cohen, a Bowie… al hecho de dejar que la magia musical recorra nuestros oídos y que eso nos convierta en héroes solo por un momento, o como bien lo dicen en la película: En leyendas. Emoción pura hecha cine.








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